Me ha llegado por correo electrónico este manifiesto en contra de la reciente mutación de la enseñanza universitaria.
Según los autores del manifiesto (según lo que he entendido yo), se está produciendo una doble transformación. Por un lado, cada vez se trata menos a los alumnos como adultos que voluntariamente han decidido estudiar una carrera universitaria, y más como adolescentes a los que es necesario guiar.
Por otro lado, cada vez se da menos importancia al saber en sí y más a unas supuestas habilidades y capacidades, que es lo que demanda el mercado laboral, supeditando de esta manera la universidad a la empresa.
Cuando yo estudiaba, oía con frecuencia quejas por parte de algunos profesores y profesionales que alegaban que en la Universidad no se enseñaba lo que se necesitaba luego para trabajar en la empresa. Hoy, cuatro años más tarde, puedo decir que, afortunadamente, llevaban razón.
Me quedo con esta frase, que mucho me temo que resume la realidad de la enseñanza, tanto universitaria como no universitaria:
La calidad de la docencia -entendida como transmisión seria, compleja y variada del saber- se alcanza así a pesar de las autoridades universitarias, no gracias a ellas.
Y aunque seguramente no es éste el lugar más apropiado para un manifiesto así, aquí os lo dejo integro para que lo difundais si lo creéis oportuno.
MANIFIESTO
La reforma neoliberal de la universidad española:
los Acuerdos de Bolonia como pretexto
Ante la ausencia de debate público respecto de la reforma de la universidad, tanto en lo que hace a los planes y evaluación de los estudios superiores, como a su relación con las necesidades de la sociedad -necesidades que se pueden definir de muchas maneras y que, sin doblegarse a un único discurso, la universidad debe recoger en su pluralidad- los abajo firmantes exponemos:
Los Acuerdos de Bolonia, seguidos de otras resoluciones en diversas ciudades europeas, se tomaron en 1999. Los países, entre los que se contaba España, convinieron en seis puntos que son propuestas políticas, pero no normas exigibles desde una perspectiva legal. A pesar de este carácter declarativo, “Bolonia” se ha esgrimido y se esgrime en nuestro medio como pretexto para disminuir e incluso anular la función fundamental de la universidad –en todas sus vertientes científicas y humanísticas- que el gran lingüista y filósofo Charles S. Peirce, fundador del pragmatismo, definió como “espacio en el que se expone la condición viva del pensamiento”.
Es necesario recordar aquí, de manera sumaria, en qué consisten esos acuerdos, incluso con las modificaciones posteriores a las de 1999:
1) adopción de un sistema comparable de titulaciones
2) que este sistema esté preferiblemente dividido en dos ciclos
3) que sea evaluable por un sistema de créditos comunes, llamados por ello europeos
4) que se promueva la cooperación europea para alcanzar niveles comparables de calidad y metodología
5) que se promueva la necesaria dimensión europea de los planes de estudios y que esto facilite los niveles de ocupación de los ciudadanos de la Unión
6) que se promueva también la movilidad de todos los estamentos de la comunidad universitaria.
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